jueves

Cuento - El Poder

EL PODER DE UN CUERNO

El bosque entero se estremeció. El dulce canto de los ruiseñores calló, las demás aves siguieron, y así cada animal del bosque.

Sabían lo que había sucedido, y sintieron lentamente como la vida iba desapareciendo de sus cuerpos. Estaban en agonía, pero aún así no soltaron queja alguna.

El cazador estaba bañado de sangre, y un unicornio yacía inerte a sus pies, con la mirada perdida en el horizonte, donde el cielo se comenzaba a pintar de rojo. El maldito animal había logrado herirle antes de caer ante el poder de su escopeta. Le volvió a escupir antes de alejarse del cuerpo, fue a recargarse en un roble y admiró el fruto de su hazaña: un cuerno perfecto.

Durante más de cuatro años, el cazador buscó, rastreó y finalmente encontró al animal fantástico al que poca gente daba crédito de existir. Todos le tachaban de loco, ya nadie creía en lo fantástico; sobretodo en esta época digital.

Mientras contemplaba sonriente el cuerno que tenía en su mano, se percató el silencio que lo rodeaba. Agudizó sus oídos, como lo hace un lobo al buscar una presa, pero aún así no escuchó nada; ni siquiera a la cascada que había cruzado para llegar al sitio donde se encontraba, y menos aún a las ramas de los árboles al moverse, cuando el viento pasa sobre ellas. Solamente podía escuchar su respiración, y gracias a ello supo que no estaba sordo.

Ni siquiera había la menor ventisca.

Comenzó a caminar, cojeando, por el mismo camino que momentos antes había recorrido impulsado por la adrenalina y la promesa del poder. Si, ahora ya tenía el cuerno que, según los manuscritos que había encontrado, le daría el poder necesario para hacer lo que quisiera.

En su camino se encontró el cadáver de un pájaro con las alas abiertas, la imagen parecía la de un ángel que había caído muerto del cielo. Sin darle importancia prosiguió y llegó a una zanja, ahí se percató que en ese mismo lugar había corrido el rio unas horas antes.

Una pequeña rama crujió, y cayó a su costado, haciendo el primer ruido que escuchaba fuera de su respiración y sus pisadas. La observó a través de unos escasos rayos de sol que, después de pasar por las ramas, se volvían de un color pardo. Recogió la rama y se dio cuenta que estaba carbonizada.

Alzó la vista.

El bosque entero estaba muerto, sus árboles secos daban la apariencia de ser de carbón y todos los animales habían perecido.

Y él no había escuchado nada.

El cazador sintió como sus músculos se entumecieron. Su cuerpo se estaba quejando. Le dio hambre y sed en exceso, como jamás los había sentido. Intentó quejarse, pero ningún sonido salió de su garganta. El cuerno cayó al suelo, silencioso.

Y al cazador se le nubló la vista...

© 2004 Santiago Casares

4 comentarios:

Palopi dijo...

Siento algo extraño al leerlo. Creo que es mi lado pro biològico el que habla. Esta historia la tomo como una metàfora de lo que esta pasando ahora con nuestro planeta. Cada vez que se contamina un mar, cada vez que se tala una selva, cada instante que se mata a un animal por diversiòn o sin sentido alguno, se escucha ese silencio, se destruyen esos arboles, se muere un unicornio...y ni siquiera nos detenemos a contemplarlo.

Santiago dijo...

Gracias Pal. =)

En realidad es muy triste la manera en la cual estamos acabando con nuestro planeta, poco a poco, de manera casi imperceptible. Llegará un momento en el cual despertemos, y nos daremos cuenta que estamos solos en un planeta erosionado...

Palopi dijo...

De hecho no, no despertaremos, ese es el problema. la tierra se regerera, por si sola, a paso lento. Se recuperara y se creara otro planeta, parecido, pero con distintas especies, por asi decirlo. Sin nosotros, que nos estamos matando poco a poco.

Santiago dijo...

Wow. Excelente punto. Digo, a final de cuentas el universoo ha estado muy bien desde antes que llegaramos los humanos, y seguirá su curso una vez que hayamos desaparecido.